Uno de los capos predilectos de la mafia italiana tiene por herederas a estas dos preciosas chicas, que siempre van protegidas por al menos cuatro guardaespaldas para evitar posibles atentados; para ellas ir rodeadas siempre de carabinas era un engorro, pero se les ocurrio la manera de aprovechar a sus numerosos cuidadores para no echar en falta la presencia masculina, con lo que ahora le piden a papa más si puede ser, jeje.